Mi Guía De Londres - Nuevos Descubrimientos

 

 

Londres es una de mis ciudades favoritas. Viví aquí una temporada y, aunque vuelvo a menudo, siempre consigo descubrir sitios nuevos. Ya tenía una guía de la ciudad, que podéis encontrar en mi web, pero esta vez quería ampliarla con algunos lugares que me han encantado en este último viaje.

Uno de los planes que más disfrutamos fue tomar el té en el Ham Yard Hotel, con una terraza desde la que proyectaban Wimbledon. Todo era muy glamuroso y, sobre todo, muy British.

 

 

El afternoon tea es uno de esos rituales que merece la pena vivir al menos una vez: una selección de sándwiches, té, dulces y los tradicionales scones. Yo soy una auténtica fan de los scones y, si tengo que recomendar unos, me sigo quedando con los de Fortnum & Mason.

 

 

El hotel donde estuvimos tomando el té pertenece a una cadena que me recomendó The Bon Vivant. Sin embargo, para alojarnos finalmente elegimos Broadwick Soho, en Broadwick Street, y fue todo un acierto. Las habitaciones son pequeñas para el precio, pero la decoración es absolutamente espectacular. Cada rincón está pensado al detalle y transmite muchísimo estilo.

 

 

El desayuno merece mucho la pena y, además, en la azotea está Flute, un rooftop perfecto para tomar un cóctel o picar algo mientras disfrutas del ambiente. Lo han montado los mismos responsables de El Fenn, uno de mis hoteles favoritos de Marrakech, y se nota en cada detalle. La ubicación también es uno de sus grandes puntos fuertes: está en pleno Soho, una de las zonas más animadas de Londres, con todo a un paso.

 

 

Y, aunque ya os lo he recomendado alguna vez, siempre vuelvo a The Wolseley. Me encanta su esencia British, su elegante decoración en blanco y negro y ese ambiente clásico que hace que parezca que el tiempo se haya detenido. Un imprescindible para desayunar o hacer un brunch.

 

 

Para comer, me encantó Three Darlings, en Pavilion Road. Tiene una terraza escondida preciosa y un interior con muchísimo encanto, donde destaca la cocina vista. Todo estaba riquísimo.

 

 

Después de comer, merece la pena recorrer la propia Pavilion Road, una calle llena de encanto con una floristería preciosa, queserías, carnicerías, pescaderías, pastelerías, cafeterías y todo tipo de tiendas gourmet.

 

 

Allí también está Ottolenghi, uno de mis sitios favoritos de Londres para comer. Me encanta porque ofrece comida saludable, deliciosa y rápida, tanto para sentarte un rato como para llevar si vas con prisa.

 

 

Muy cerca también está The Chelsea Grocery, que ha cambiado muchísimo desde mi última visita. Antes tenía un aire mucho más tradicional y ahora lo han renovado por completo con un concepto mucho más gourmet.

 

 

Aproveché para comprar gooseberries (grosellas espinosas) para que los niños las probaran, ya que en España es muy difícil encontrarlas. ¿Vosotros las habéis probado alguna vez?

 

 

Eso sí, aunque merece la pena entrar a verlo, tampoco me pareció nada del otro mundo. Si tuviera que elegir un sitio para hacer compras gourmet, seguiría quedándome con Harrods, que para mí tiene el mejor Food Hall que conozco, o con Fortnum & Mason, que nunca decepciona.

Otra parada que me sorprendió fue la tienda Hermès, en New Bond Street. Nunca había entrado y, aunque no compramos nada, merece muchísimo la pena visitarla.

Desde fuera no imaginas lo que esconde: ocupa un edificio espectacular de cinco plantas, construido alrededor de un precioso patio central que inunda todo de luz. Más que una tienda, parece una galería de arte, y recorrerla ya es una experiencia en sí misma.

 

 

Otro restaurante que está muy de moda ahora es el italiano Martinos. Si vais, no dejéis de pedir el calabacín frito: es un auténtico imprescindible. Todo estaba buenísimo y el sitio tiene muchísimo encanto.

 

 

Como siempre, Londres consigue sorprenderme en cada viaje. Da igual las veces que vaya: siempre encuentro un hotel nuevo, un restaurante que merece la pena o una calle con encanto que no conocía. Esa es una de las razones por las que nunca me canso de volver.

Volver a El Universo Cristina Oria