Entrevista Metrópoli

"Trabajar conmigo es complicado y divertido en dosis iguales"

De vender desde casa foie a los tres vinos y el bizcocho de limón hechos por ella al catering, los juegos de té, las servilletas de hilo, un huerto de flores y la próxima apertura de un restaurante en San Sebastián... el pequeño 'imperio' de la chef y empresaria no para de crecer.

 

Cristina Oria en el Mercado de La Paz con su emblemático juego de café en blanco y negro. Fotos: Antonio Heredia. 

Cristina Oria (Madrid, 1983) entra en el Mercado de La Paz disculpándose por su retraso. No le da la vida y, aun así, ha hecho gustosa un hueco en su ajetreada agenda para atender a Metrópoli en vísperas de las vacaciones de Semana Santa. Durante la sesión de fotos, el fotógrafo le pide que se relaje. "¡Uf!, esa palabra lleva sin estar en mi vocabulario ni en mi vida desde hace mucho tiempo", asegura con una sonrisa la chef, empresaria y madre de tres hijos de uno, cuatro y siete años. Pero nunca se queja. Está feliz y orgullosa con lo que hace, aunque, reconoce, "sus días son a veces un poco caóticos".

Junto con su marido Álvaro Corsini, Cristina maneja un pequeño imperio que incluye tres restaurantes, tres tiendas gourmet y de menaje en Madrid, un catering que sirve eventos de hasta 4.000 personas, una web que vende a toda Europa productos de alimentación creados por ella y accesorios para la cocina y de decoración, una empresa de regalos corporativos y de boda, una finca de 20 hectáreas de olivos en Morata de Tajuña con los que elabora su propio aceite de oliva... y otros cuantos proyectos que tiene en mente y se materializarán en breve. Toda una vorágine de vida profesional que, en realidad, nunca estuvo en sus planes. "Mis padres tenían una empresa [la cadena de tiendas Musgo] y trabajaban muchísimo. Yo no quería ser como ellos y prefería trabajar para otros", comenta. Estudió ADE y se colocó en una consultora, pero una serie de carambolas y un problema de salud hicieron que dejara la compañía y se cogiera un año sabático. "Coincidió que me casaba y tuvimos la oportunidad de ir a vivir a París". Allí, en 2008, decidió cursar en Le Cordon Bleu y, sin saberlo, empezó a fraguarse su exitosa carrera profesional.

PREGUNTA: ¿Cambió su vida el prestigioso curso?

RESPUESTA: Sí. Me encantaba la cocina, pero no estaba en mis planes dedicarme a ello. Allí aprendí a hacer mi famoso foie mi cuit a los tres vinos [ganó el premio en Madrid Fusión 2011]. Luego lo empecé a elaborar en casa y gustaba tanto que me animaron a venderlo en Navidad como regalo. También el bizcocho de limón. Esas dos cosas fueron el inicio y empezamos a montar tiendas pop-up para darlas a conocer.
P. Luego llegaron el catering y el delivery...

R. Cuando viví en París me fijé en que funcionaba muy bien el negocio de la comida para llevar. En Madrid eso casi no existía (más allá de la pizza y poco más): o era muy rudimentario, muy de táper, o era un catering superelaborado. Entonces, con la visión general que tenía de los negocios que me dio la consultoría estratégica, creé una empresa de comida a domicilio de calidad, para que la gente pudiera pedir un solomillo, un primero y un postre, con instrucciones de cómo se calienta, presentado bonito y sin coste adicional.

Al principio lo hacía todo en casa y su marido (que dejó su trabajo para ayudarla) le animó a abrir una tienda (Conde de Aranda) para que la gente probara sus productos. Así, en 2009, nació Cristina Oria, una empresa que desde entonces no ha parado de crecer, y que hoy cuenta con más de 130 empleados.

En los últimos meses, la empresaria está muy centrada en algo que ella califica como "su gran reto": la apertura de un nuevo restaurante en San Sebastián, algo que le ilusiona de manera especial por ser el lugar de origen de su familia. "Mi abuela estaría muy feliz con este movimiento".

P. El catering, las tiendas, un libro de recetas, programas de cocina, ahora otro restaurante... ¿qué tiene pendiente por hacer?

R. Siempre digo "nada" y al día siguiente me vuelvo loca y se me ocurren nuevas cosas. Soy muy de ideas felices. Trabajar conmigo es complicado y divertido en dosis iguales, porque tengo ideas todos los días y tienen que seguirme. Mi marido y yo somos fáciles de liar... Ahora, por ejemplo, acabo de llegar de la Feria de París y he traído ropa de niño, pañuelos y toallas que no necesito, pero nunca sé lo que se me puede ocurrir. Otro nuevo proyecto que me fascina es mi huerto de flores, no para venderlas, sino para los eventos y las mesas de los restaurantes.

Abrir en San Sebastián fue una decisión sentimental, cuenta. "Lo lógico habría sido hacerlo en otra ciudad antes, porque va a ser un gran reto: es un local tres veces más grande que el de Ortega y Gasset en Madrid; es una plaza complicada, muy exigente, porque la gastronomía allí es muy puntera... Pero es una apuesta. No queremos competir con lo que hay allí ni intentar hacer lo que ya hacen; no me voy a poner a cocinar el rodaballo, porque ellos lo hacen mil veces mejor que yo, sino defender nuestro concepto, que de eso no hay mucho por allí. Va a ser muy en la línea de lo que es CO".

P. De todos estos proyectos, ¿con cuál te diviertes más?

R. Habiendo estudiado los números, lo que menos me divierte es el tema de las finanzas, los balances... Me aburre mucho. Y me gusta todo lo demás: me encantan las redes sociales, que las llevo yo, el marketing, escoger el producto y desarrollarlo, como las teteras, las tazas... También el diseño del menaje, cada año añado dos o tres piezas nuevas a nuestra vajilla, que es la seña de identidad de la marca. Es una manera de fidelizar al cliente... son piezas que a lo mejor no son tan necesarias pero es un capricho.

P. Supongo que la pandemia afectó mucho al negocio

R. Antes del Covid me quejaba un poco de tener demasiadas patas en mi negocio y de no poder centrarnos bien en todas. Sin embargo, gracias a tener todas esas ramas (el delivery, el menaje, el catering, las bodas...) pudimos salvar la empresa cuando llegó la pandemia, porque pasamos de servir caterings para 5.000 personas a cero. Lo que pasó es que yo ya estaba en el negocio del delivery, y en todas las aplicaciones de comida a domicilio, por lo que no tuve que hacer todo el recorrido de estudiar el packaging, de cómo llega bien el producto, de que no gotee, de que las croquetas no se rompan... En cuanto a la venta online a toda España y la entrega de comida envasada al vacío, también nos pilló con una buena web, con lo que funcionó fenomenal. El Covid nos hizo valorar áreas del negocio que no fueron tan punteras y ponernos las pilas para desarrollar otras nuevas, pero ya con las bases creadas.

P. ¿Cree que las ayudas del Gobierno fueron las adecuadas?

R. Intento no entrar en polémica, pero estoy muy agradecida porque en Madrid nos dejaran trabajar. No quiero que me ayuden, quiero que me dejen trabajar dentro de la viabilidad, claro. Yo veía que en otros lugares de España impusieron medidas surrealistas y dañinas para el sector. Acabo de estar en París y he visto un montón de locales en alquiler que no han sobrevivido. En cambio, en Madrid, no hay locales en alquiler. Aquí es como un oasis. Y luego, el ERTE vino muy bien, pero nosotros, como teníamos muchas vías de negocio, pudimos reubicar a muchos empleados y muy pocos fueron al ERTE.

P. ¿Cocina a diario?

R. Se me hace bola a veces por los tiempos, pero muchos días tiro de bocadillos fatales a mediodía; ya sabes, en casa de herrero... Pero ahora con las recetas que grabo en casa para las redes sociales, me obligo a cocinar más. Me gusta mucho más lo salado que lo dulce, porque hay más libertad de experimentación. No soy de alta cocina, de esferificaciones ni nada de eso, pero es por un tema de humildad, no sé hacerlo y nunca he querido ir hacia ese lado. Soy defensora de la buena materia prima, de conocer a quién me la vende y de pensar que cuando ésta es buena, poco hay que hacerle. No creo que haya que reinventar las lentejas en humo, cuando unas buenas lentejas están buenas como están. Me gusta y admiro la cocina de vanguardia, pero a mí me gusta más la de mercado.

P. ¿Va mucho al mercado?

R. Cuando tengo tiempo, me gusta ir al mercado de Diego de León o al de La Guindalera por cercanía. Siempre me llevo algo de pescado, fresco y del día, y también la fruta y verdura que no producimos en la finca de Morata, porque aún no podemos autoabastecernos al 100% de todo. En cuanto a la carne, tiro de los proveedores que tenemos para los restaurantes.

P. ¿Cómo compagina su vida laboral con la personal?

R. Trabajar con mi marido facilita mucho las cosas en casa, porque los dos sabemos cómo son nuestros horarios. Hemos convertido nuestro trabajo en forma de vida; por ejemplo, en Semana Santa nos vamos a los mercados de La Provenza a comprar muebles antiguos para los restaurantes, las tiendas o la finca de Morata. Son nuestras vacaciones y las de los niños, así que por las mañanas nos los llevamos a ver los mercadillos y por las tardes jugamos con ellos y hacemos turismo. Otro ejemplo: este verano lo pasaremos en San Sebastián, allí podremos disfrutar de las vacaciones, la playa y la familia y, al mismo tiempo, supervisar las obras del nuevo restaurante. Concilio renunciando al ocio personal; son épocas de tu vida. Mi diversión ahora es la de mis hijos.

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